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LOS AMORREOS

Miércoles, agosto 1st, 2012

CANANEOS Y AMORREOS

Hace unos días atras estuve investigando el tema de los Cananeos y Amorreos y encontre muchas cosas interesantes que pueden ayudar a la hora de preparar una conferencia , estudio o predicación y lo comparto con todos ustedes, a ver si les es de ayuda también.

Aunque en la Escritura los • Amorreos habitan en las montañas (Nm 13.29; Jos 5.1; 11.3), en su uso más amplio se confunden con los cananeos. Los amorreos se incluyen en la designación de cananeos (Gn 10.15–16); cuando se indica que Israel conquistó Canaán, posteriormente se alude a la tierra de los amorreos (Jos 24.15, 18); Abraham, al llegar a Canaán, no ocupa la tierra prometida porque la maldad de los «amorreos» no había llegado al colmo (Gn 15.16); y Siquem, que es una ciudad de Canaán (Gn 12.5–6; 34.2, 30), también se conoce como amorrea (Gn 48.22).

Esa confusión semántica quizás se deba a que ambos términos provienen de la identificación que hacen de ellos los grupos externos (p. ej., egipcios e israelitas). Pero aunque son vecinos, sin duda son nacionalidades independientes.

HISTORIA

La presencia en Palestina de un pueblo de habla semítica en el tercer milenio a.C. la han corroborado varios descubrimientos arqueológicos. Se ha comprobado que los cananeos estaban ya establecidos en Palestina a lo menos por el año 2000 a.C. También los amorreos estaban bien arraigados en Siria Palestina; y en Ebla, al norte de Siria, ya se manifestaba un elemento semita para el 2300 a.C. En aquellos tiempos, Canaán estaba dividida en una serie de ciudades estatales y formaba parte del Imperio Babilónico bajo la dinastía de Ur. La teología y los dioses procedían de Babilonia. Como en todo el imperio, el famoso Código • Hammurabi estaba en vigencia en Canaán.

  Cuando el dominio de los babilonios, aunque no su influencia, llegó a su fin en Palestina, los heteos dominaron en el norte y en el sur los egipcios. Los reyes hicsos de • Egipto unieron Canaán con el Delta. No cabe duda que fue un rey hicso el que favoreció a José y a su familia. Luego los egipcios derrotaron a los hicsos, quienes eran extranjeros en la tierra de los faraones, y recuperaron el dominio de Canaán: «Se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José» (Éx 1.8).

En el tiempo de la invasión israelita bajo Josué (ca. 1230–1220 a.C.), el poderío egipcio casi había desaparecido en Canaán. Existían muchos conflictos entre los pequeños reinos y principados de las ciudades estatales, pero los faraones permanecían indiferentes; al parecer solo se interesaban en los tributos que recibían de Canaán. Los cananeos se hallaban debilitados por sus disensiones, los impuestos y por el sistema feudal que Egipto había propiciado.

Los primeros doce capítulos del libro de Josué narran la conquista de Canaán por Israel, y en los capítulos 13–22 se describe la distribución de la tierra entre las doce tribus.

Cerca del año 1200 a.C., quizás después que los hebreos conquistaron a Canaán, varios grupos conocidos como «los pueblos del mar» invadieron y arrasaron la costa del Mediterráneo, infundiendo terror hasta las mismas fronteras de Egipto. Uno de esos grupos, los filisteos, se asentaron en la región costera al sur de Canaán.

CULTURA

Organización social

Los cananeos se organizaban en ciudades estatales que tenían el carácter de pequeñas monarquías. Cuando los israelitas invadieron Canaán, la tierra estaba dividida de esta manera (Jos 10.1–5; 11.1–3). El rey tenía el privilegio de establecer impuestos, reclutar el ejército y supervisar el comercio y la religión (cf. 1 S 8); la reina cumplía responsabilidades de importancia; y en los estados más desarrollados la corte se organizaba de forma fastuosa. La unidad básica de la sociedad cananea era la familia, como lo indica la literatura de la época, sobre todo la proveniente de Ugarit. Además, tenían gremios o corporaciones para agricultores, ganaderos, artesanos, comerciantes y artistas. Los sacerdotes y el personal ocupado de los quehaceres del culto también estaban organizados. Y los guerreros pertenecían a varios tipos de grupos militares. Parece, además, que existía una profunda división de clases, incluyendo los patricios o clase alta, la clase baja y los siervos, quienes disfrutaban de relativa libertad.

Idioma

La lengua de los cananeos pertenece a la familia de idiomas semíticos. La expresión «la lengua de Canaán» (Is 19.18) se refiere especialmente al hebreo, pero incluye las lenguas semíticas occidentales. Entre los eruditos se usa a veces el término «cananeo» para designar el grupo de lenguas semíticas formado por el cananeo antiguo (representado en las tablillas del Tell el-Amarna), el hebreo, el fenicio, el púnico y el moabítico (EBDM II, pp. 87–88). «La definición de lo que es o no es “cananeo” se presta a mucha controversia. Dentro del grupo general de los idiomas semíticos del nordeste, el hebreo bíblico (cf. Is 19.18) y las glosas y términos semíticos occidentales de las tablillas de el-Amarna, pueden catalogarse como “sudcananeos” juntamente con el moabítico y el fenicio» (NBD, p. 184).

Literatura

El estudio de la literatura de Canaán se fundamenta básicamente en los descubrimientos de Ugarit. Este material incluye, entre otros documentos, la epopeya de Baal (escrita ca. 2000 a.C.), la leyenda de Aqhat (ca. 1800 a.C.) y el relato del rey Keret (del siglo XVI a.C.). La poesía que manifiestan estas obras puede relacionarse con la literatura bíblica en lo que respecta al vocabulario y los giros del lenguaje.

Es posible que en los tiempos de Hammurabi se introdujese en Canaán el sistema de escritura cuneiforme, juntamente con el idioma y la literatura de los babilonios.

Arte

Los hallazgos arqueológicos muestran que los cananeos avanzaron en el cultivo de las artes, sobre todo en la escultura y la orfebrería. Trabajaban también con esmero la madera y fabricaban telas preciosas.

Comercio

La situación geográfica de Canaán fue siempre sumamente estratégica. Allí coincidían las rutas más importantes del comercio mundial de la época. La flota mercante de los fenicios se hallaba muy activa en el negocio de la púrpura. Las ciudades del interior tenían como patrimonio no solo la agricultura y la ganadería sino también el comercio. Concurrían allí las caravanas de Asia Menor, Babilonia y Egipto para el intercambio de una gran variedad de productos industriales y agrícolas. A los israelitas recién salidos del desierto la vida de los cananeos debe haberles parecido en extremo lujosa.

Religión

La obra de Filón de Biblos, erudito fenicio que vivió a finales del primer siglo d.C. y la literatura épico-religiosa descubierta en Ras Samra (antigua ciudad de Ugarit) durante los años 1929–1937, arrojan mucha luz sobre la religión de los cananeos, quienes eran decididamente politeístas. Entre sus dioses sobresalen los siguientes:

El (el Poderoso) era la deidad suprema. Era un dios tirano, cruel, sanguinario y lujurioso, que echó del trono a su padre y asesinó a su hijo favorito y a su hija. Tenía tres de sus hermanas como esposas. Para los cananeos El era el «Padre de los hombres» y lo representaban como «el Padre Toro». Es decir, el progenitor de los dioses. El hijo y sucesor de El era • Baal (señor), el dios de la lluvia, la tempestad y la fertilidad. Anat, hermana y esposa de Baal, forma junto a • Astoret y • Asera la trilogía de diosas cananeas que ilustran la gran depravación del culto cananeo. Eran las diosas de la guerra y la actividad sexual. Anat, a quien se le llamaba «Virgen» y «Santa», era en realidad una prostituta del panteón cananeo. Astoret, la diosa de la estrella vespertina, no siempre se distingue de Anat. Era tanto una diosa madre como una prostituta. Asera, esposa de El, según la mitología de Ugarit, era la diosa principal de Tiro en el siglo XV a.C., bajo el nombre de «Santidad». Se le nombra al lado de Baal en el Antiguo Testamento, donde el término «Asera» significa principalmente la imagen de esta diosa (1 R 15.13; 18.19; 2 R 21.7; 23.4).

En los cultos cananeos se sacrificaban animales a los dioses (carneros, corderos y palomas). Aunque hay indicios de sacrificios humanos en el culto cananeo del segundo milenio a.C., esta práctica no se ha podido corroborar arqueológicamente. De acuerdo a los textos ugaríticos y a la literatura egipcia de origen o inspiración semítica, la religión cananea apelaba a lo bestial y material de la naturaleza humana. Esos cultos incluían actividades sexuales, en las cuales participaba personal femenino del templo especialmente separado para tal oficio.

El politeísmo cananeo, que era de lo más degradado, corrompió moralmente al pueblo. En el culto de sus dioses, hombres y mujeres se prostituían a su antojo. Se ha dicho que en aquellos tiempos no había en el Medio Oriente una religión tan degenerada como la de Canaán. Según Lv 18.25, la tierra estaba contaminada por las abominaciones practicadas por los cananeos, a quienes la tierra tuvo que vomitar (Lv 20.22).

EXTERMINIO

  Jehová ordenó a Israel que exterminase a los cananeos (Éx 23.31–33; 34.11–17; Dt 7.2–4; 9.3). Hay algunos que califican de injusto este mandato y afirman que no se halla en armonía con el carácter de Dios, quien es «lento para la ira y grande en misericordia». Una buena respuesta a esta objeción se halla en la justicia de Dios y en la naturaleza de la religión cananea. El propósito divino en la destrucción de los cananeos era en primer lugar punitivo (Gn 15.16; Lv 18.25). Dios es también justo y sabe dar su paga a los que hacen mal. Castigó a los antediluvianos (Gn 6) y a los habitantes de Sodoma y Gomorra (Gn 19) mediante fuerzas naturales. ¿Por qué no habría de destruir a los cananeos a través del pueblo de Israel? No es tampoco la única vez que Él se vale de una nación para castigar a otra. Lo hace también cuando trae a los asirios para maldición del reino del norte en Palestina y a los babilonios para ejecutar juicio sobre Judá. Además, el propósito de Dios al destruir a los cananeos era preventivo (Éx 23.31–33; 34.12–16; Dt 7.2–4). No quiere que su pueblo se contamine con las maldades de Canaán. Los cananeos estaban tan corrompidos, que aun su existencia era incompatible con la conservación de Israel en pureza y verdad, necesarias para el cumplimiento de su misión universal de bendición (Gn 12.1–3).

Los israelitas no cumplieron cabalmente la orden divina y su desobediencia les trajo muchos males. El libro de Jueces menciona los continuos fracasos de Israel. Judá no pudo arrojar a los que habitaban en los llanos (1.19). «Mas el jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín» (1.21). Tampoco Manasés (1.27), Efraín (1.29), Zabulón (1.30), Aser (1.31), Neftalí (1.33) ni Dan (1.34) tuvieron completo éxito en la empresa de desarraigar a sus enemigos. El cananeo «persistía en habitar aquella tierra» (Jue 1.27) y fue azote y tropezadero para los hijos de Israel (Jue 2.1–3).

 

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