TIPOLOGIA PARTE 6

 El Lavacro.

(Exodo 30:17-21)

 

  El lavacro fue hecho de bronce, y fue colocado entre el Altar de bronce y el Lugar Santo. No sabemos la forma ni el tamaño del Lavacro, ni tampoco sabemos cómo era llevado durante la marcha; tenía un pie de bronce. En esto se diferenciaba de todos los otros vasos. El pie lo conectaba con la tierra al mismo tiempo lo elevaba, enseñandonos que estaba relacionado con el andar terrenal de su Pueblo que tenía su ciudadanía en el cielo.

1-      Su propósito.  Era para la limpieza o la purificación del sacerdote. Antes de entrar al Lugar Santo, el sacerdote tenía que lavarse las manos y los pies. No podía entrar sin antes lavarse de la contaminación. Cuando los sacerdotes fueron ordenados fueron llevados a la puerta del Tabernáculo y allí lavados completamente por Moisés.

Nunca fue repetido este hecho, sin embargo, había necesidad de lavarse de la contaminación adquirida entre el Altar y el Lugar Santo. Este acto tenía que repetirse a diario o cuantas veces entrarán al santuario para ministrar.   Se lavarán las manos y los pies, para que no mueran. (Exodo 30:21)

2-     Su descripción y su posición. El lavacro era una pila probablemente redonda aunque no se describe, y esta fue hecha de bronce.  Fue colocado entre el altar de bronce y el Lugar Santo de modo que cuando el sacerdote salía del altar de bronce para entrar al Lugar Santo encontraba el lavacro. El lavacro fue hecho de los espejos de bronce de las mujeres de Israel (Exodo 30:21).

3-    Su significado Tipológico.

a)     Regeneración y purificación por la Palabra (Tito 3:5 ; Salmos 26:6). El lavacro estaba lleno de agua y los sacerdotes tenían que lavarse en el agua cuando prestaban servicio en el tabernáculo. Las escrituras  dicen : Juan 15:3 ; 17:17 ; Santiago 1:18 ; 1 Pedro 1:23).  Es imposible servir en el reino de Dios y entrar a su presencia sin la regeneración (Juan 3:5).    La regeneración se produce por la operación de la Palabra y la agencia del Espíritu Santo en conjunto,  La Palabra es el instrumento y el Espíritu Santo es el agente. (1 Tesalonicenses 1:5 ; Tito 3:5). Después de la primera lavada, la cual no se repitió, había necesidad de lavarse los pies y las manos a diario. Las manos son para servir, los pies son para andar.   El Cristiano se mantiene limpio en su andar y en su servicio cuando aplica la Palabra a su vida diaria; si no lo practica eso gradualmente espiritualmente morirá y quedará excluido de la presencia del Señor (Salmo 24:4).

b)     El lavacro nos habla de Cristo. La Palabra viviente.  El agua en el lavacro nos habla de la Palabra escrita. La verdad espiritual que este vaso enseña es la santificación por la Palabra de Dios (Efesios 5:25-27). Llegamos al lavacro después de pasar por el altar.   El altar es para los pecadores; el lavacro  es para los sacerdotes y tiene que ver con su separación para entrar en el santuario con el fin de adorar. El lavacro nos habla de gracia de Dios manifestada en la preparación de sus hijos para la vida celestial. (Tito 3:5-7)

No tenía dimensiones, enseñándonos que la gracia de Dios es mediadora.

 c)      El lavacro fue hecho de los espejos de bronce de las mujeres de Israel.   El espejo refleja la persona misma – sus bellezas o sus defectos. La Palabra nos recuerda la necesidad de una consagración diaria antes de servir y antes de adorar a Dios (Salmos 139:23).  Cuando el hombre se acercaba a Dios es para pedirle una bendición, su poder, algún don o etc., más Dios, a la vez, comienza hablar al hombre de más santidad y más pureza en su servicio y en su diario andar. No olvidemos donde se colocaba el lavacro; es antes de entrar al Lugar Santo.

d)     La fuente era el segundo objeto en el atrio del tabernáculo. Estaba entre el altar del holocausto y el Lugar Santo. No se nos dice la forma ni el tamaño de este artículo; tampoco se nos dice cómo fue llevado por el desierto. Estos datos están entre “las cosas secretas que pertenecen a Jehová”, y no debemos adivinar ni querer ser sabios más allá de lo que está escrito. El silencio de las Escrituras sobre puntos como éstos es tan significante como divino: no hay descuido, ni olvido por parte del escritor. Los demás objetos están todos minuciosamente descritos en cuanto a su largura y anchura, como también las varas y los anillos mediante los cuales fueron levantados de la tierra y llevados sobre los hombros de los levitas durante la marcha (véase Números 4). Pero en las instrucciones sobre la fuente no hay mandato tocante a varas y anillos. ¿Será error? No, ciertamente.

Tenía su basa (o pie) de metal. En esto difiere de los demás artefactos. Las varas y los anillos mediante los cuales fueron levantados para ser llevados, parecen indicar que, aunque estaban sobre la tierra, no eran de ella, sino del cielo. Eran sombras de las cosas celestiales, la sustancia permanente de las cuales tiene su lugar en el santuario celestial.   La fuente, al tener un pie que la conectaba con la tierra, pero levantándola sobre ella, puede mostrar que la línea de enseñanza espiritual en este aparato está relacionada con la vida terrenal y el andar de un pueblo cuyo nacimiento y ciudadanía son del cielo. El presente mundo es el sitio donde las manos y los pies de los redimidos de Dios requieren el uso de la fuente.   Es solamente aquí abajo, entre las suciedades y contaminaciones de la tierra, que su benéfico ministerio es necesario, porque una vez allí arriba, los pies de los creyentes no pueden mancharse.

Correspondiendo con esto, tenemos en el libro del Apocalipsis –en sí un libro de señales y símbolos- referencia a todos los muebles del templo o del tabernáculo, pero no hay mención de la fuente de lavar ni del mar de fundición.   En notable contraste, vemos allí un mar de cristal reflejando la inmaculada hermosura de los redimidos.   La última mácula de sus pies ha sido lavada; las arenas de la tierra no ensucian más; los creyentes están glorificados a la imagen de su Señor, y la fuente y el mar de fundición ya no se necesitan más. ¡Bendito futuro! ¡Cuán santa y alegre la perspectiva del hijo de Dios!

La fuente  estaba llena de agua, y allí los sacerdotes lavaban las manos y los pies cuando entraban en el Lugar Santo para adorar, y cuando salían al altar para servir. La negligencia en esto traía la muerte. No se observaba ningún culto frente a este vaso –allí no se derramaba ninguna sangre-, y sin embargo la adoración y el servicio eran imposibles sin el uso de la fuente. Era la necesidad diaria de los sacerdotes; mediante su uso se conservaban en limpieza, en una condición que les permitía ejercer las funciones de su oficio sacerdotal delante de Jehová y hacia su pueblo. ¡Cuán infinitamente preciosas son las lecciones que podemos aprender al lado de la fuente! ¡Cuán prácticas y penetrantes son las verdades que nos presenta este símbolo tan expresivo!

La enseñanza de la fuente nos habla de una obra hecha en nosotros por la palabra y el Espíritu de Dios. Sigue continuamente de día en día. No hay etapa ni condición en la vida cristiana en la tierra en la cual se pueda decir que la obra está terminada. No hay ningún estado ni experiencia alcanzable aquí que permita a un santo prescindir de este limpiamiento en la fuente, y es verdaderamente triste que algunos piensen y hablen como si no fuese así.

Así la Palabra de Dios, como espejo, refleja las bellezas o deformidades espirituales del creyente. Ella revela y juzga (Santiago 1:23,24 ; 1 Corintios 11:30-32). Como el lavacro estaba lleno de agua para limpiar, así también la Palabra de Dios no solamente revela las mancha sino también a Cristo como Aquel que tiene poder para limpiarnos (Hebreos 4:12-16).

Los sacerdotes, en el día de su consagración, fueron llevados a la puerta del Tabernáculo y lavados completamente por Moisés (Exodo 29:4 ; Levíticos 8:6). Otra persona tenía que lavarnos; no podían hacerlo ellos mismos. Nunca fue repetido este hecho. Esto simboliza la salvación y está de acuerdo con Tito 3:5.  La palabra “lavar” en Exodo 29:4 significa “lavarse completamente, bañarse” pero en Exodo 29:4 quiere decir lavar parte, la cara y las manos.   Juan 13 es un comentario “bañarse” y “lavarse” en vs. 10.

Juan 13:10 es antitipo del lavacro; el segundo paso en la congregación de los sacerdotes fue lavarse las manos y los pies en el lavacro diariamente antes de entrar y servir en el Lugar Santo (Salmos 24:3-4 ; 26:6 ; Isaías 52:11 ; 1 Juan 2:1-2).

 

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